Ya llevaba un tiempo sin poner ninguna entrada, pero creo que ya va siendo hora de poner aunque sea un vídeo de una de mis frikadas favoritas, un juego que decidí comprar en base al artículo que escribí por aquí y que se titulaba Dekotora: Monstruos de la Carretera y que podéis leer tanto siguiendo el enlace que os acabo de poner, como en la cosa esa rara que va cambiando arriba del blog.

El juego, para PlayStation, es de la desaparecida Human Entertainment, compañía que nos dio muy buenos momentos en la época de Super Nintendo con grandes títulos como Super Soccer, Tae Kwon Do, Super Fire Pro Wrestling o ser la creadora de grandes sagas de terror como Clock Tower o la desconocida Twilight Syndrome.

La saga ha pasado por tres compañías distintas, su creadora como ya he dicho fue Human, después tomo el relevo Spike y por último, con una sola entrega para Wii, fue Jaleco la que se encargó de presentar un juego de esta temática, y por que no, saga, para los usuarios japoneses, juegos que mantienen la misma jugabilidad de la que hablaré más abajo.

El juego en estilo a mi me recuerda mucho al Road Fighter de Nes, además de a las clásicas handheld con un volante en las que iban apareciendo obstáculos y teníamos que ir esquivándolos. El control del camión es extraño y no responde a mantener una dirección si no a toques a la cruceta, con un toque a la derecha pondremos el intermitente, con dos cambiaremos de carril, nada más fácil que eso.

En el juego competiremos contra otros camioneros que hacen la misma ruta, teniendo que llegar antes que ellos, por lo que es aquí donde tendremos las batallas contra otros camiones tuneados, frenándolos a base de golpes o encerrándolos contra el tráfico que nos vamos encontrando. Si quedamos primeros conseguiremos dinero y con él podremos comprar nuevas piezas y luces de neón para convertir nuestro camión en una auténtica discoteca andante.

Otro detalle es la gran banda sonora que tiene el juego, con canciones que mezclan lo más clásico de la cultura japonesa con otras que pueden recordarnos a las que tocan en las fiestas del pueblo o a los de la cabra con su organillo.