3 Abril 2009

Este fue el primer día que nos trasladabamos lejos, por lo que después de almorzar como siempre en la “Boulangerie“, fuimos a la zona de los Shinkansen a coger un Hikari y allí nos colocamos en una de las filas de “Non-Reserved” para ver si había suerte y cogiamos sitio.

Después de ver pasar un Kodama y un Nozomi, por fin llegó nuestro shinkansen y por suerte encontramos sitio donde sentarnos.

1 hora y 46 minutos después llegabamos a nuestro destino. Por fin volviamos a Hiroshima, y es que teniamos cosas pendientes por ver, ya que en el 2007 fue una visita relámpago.

Para llegar al museo tuvimos que coger un tranvía, el Hiroshima Dentetsu Nº6. Así que nos fuimos donde acababa de parar uno a esperar. El conductor del tranvía nos vio allí esperando y nos señaló que debiamos ir hacía otra plataforma para cogerlo.

Poco después de estar en la plataforma, vimos como el tranvía daba marcha atrás y venía hacia donde nosotros estabamos. Era curioso ver a una familia de américanos allí, y a los japoneses mirándolos con unas caras… Aunque claro, seguro que a nosotros también nos miraban, eramos occidentales, ¿Que sabrían ellos que no eramos américanos?

Tras una tranquila travesía por las calles de Hiroshima, llegamos al parque. La parada estaba justo delante del Genbaku Dome.

Parque Memorial de la Paz

Dimos una vuelta por todo el parque impresionados como siempre por el Genbaku Dome (la cúpula que no se destruyó con la bomba atómica). Al ser un edificio tan antiguo del cual solo queda su estructura debido a la explosión, está apuntalado por dentro para que no se caiga.

También nos sorprendió el ambiente que había en el parque ya que la orilla del río estaba lleno de cerezos (en el 2007 me dió la impresión de ser una ciudad muy seca, pero este año pensé lo contario, estaba todo muy verde y con muchísimos cerezos). Cruzamos el río por un puente y fuimos a la orilla de delante de la cúpula. Era sorprendente como se mezclaba la belleza de los cerezos con el horror de la destrucción.

Fuimos caminando hasta la antorcha, donde un grupo de chicos japoneses se estaban haciendo una foto. Nosotros nos fuimos al cenotafio, este año lo pudimos ver mejor que el anterior (En agosto estaba lleno de gente) y desde allí, mientras Óscar esperaba para hacerle una foto desde lejos integrado en el paisaje, me fuí hacia una fuente con un gran surtidor que había pasado el Museo.

Al lado de la fuente había una estatua de una mujer con sus dos hijos después de la explosión. Hice la foto a Óscar a través de la fuente y capturando todo lo que tenía por delante, ya que una de las cosas que tiene el parque es que hay varios monumentos en línea. La citada estatua de la mujer y sus dos hijos, la fuente, el centro del museo, el cenotafio, la llama y el Genbaku Dome.

A Hiroshima habíamos llegado a las 10 de la mañana y como teníamos que estar en recepción del Museo Mazda a las 12:30 ya que entrabamos a las 13 horas, no nos dió tiempo a ver el Museo de la Paz.

Según los horarios y transportes que me había imprimido de Hyperdia, teníamos que coger el Hiroshima Dentetsu Nº7 hasta la parada Yokogawa-Eki y desde allí ir hasta la estación de la JR del mismo nombre, coger un tren de la línea San-Yo hasta la parada JR Mukainada, que estaba prácticamente al lado del Museo Mazda.

En la parada del tranvía miramos los horarios, pero no nos enterabamos de nada, estaban en completo japonés. Así que cuando llegó el primer 7 nos subimos a él. Ibamos mirando todas las paradas en las que parabamos, pero como después de media hora aún no habiamos llegado a la nuestra, le preguntamos al conductor, el cual nos dijo que era en dirección opuesta, que nos quedasemos ya en ese tranvía.

Anécdota: Al no entender japonés, cuando llegamos a la última parada, pensabamos que el conductor nos decía que bajasemos, así que nos dispusimos a pagar. Pero nos hacía señas de que no pagasemos y nos tapaba la máquina para que no echasemos el dinero, así que nos volvimos a sentar. Pero volvió a decirnos que no y nos señaló la parada de enfrente para que esperásemos allí. Y todo esto ante la atónita mirada de dos trabajadores de mantenimiento del tranvía. Ya en la otra parada, esperando el tranvía, vimos como este volvía por otra vía (lo más seguro es que más arriba hubiese un cambio de vías o algo por el estilo). Así que nos hizo señas para que subiésemos.

Media hora más y pasábamos otra vez por la parada del Genbaku Dome. Y tras otro rato por fin llegabamos a una parada que se llamaba Yokogawa. Bueno, en realidad era un nombre compuesto por Yokogawa y otro.

Cuando nos dispusimos a bajar, el conductor nos hizo volver a sentar. Y nos dijo que ya nos avisaría él.Por fin llegamos a la tan esperada Yokogawa, incluso había una estación de JR allí. El conductor nos hizo señas de que era allí, así que le dimos las gracias, pagamos (¡Por fin!) y bajamos.Fuimos corriendo hasta la estación y enseñamos el JR Pass para poder pasar. Fuimos de un lado a otro pero no vimos la línea San-Yo, así que preguntamos en una ventanilla de otra entrada. Y la chica amablemente nos señaló la plataforma que era.El tren tardaba 14 minutos, y ya eran casi las 13 horas. Ya fuera de la estación miré el plano que me había imprimido de la página de Mazda, localicé la pequeña Koban que había y salimos a una avenida que había pasado ese callejon.

Museo Mazda

La verdad es que el museo no tenía perdida, ya que desde la avenida se veía ya que estaba al lado.

Nos dirigimos a recepción y ya dentro se nos acercó una chica vestida con un uniforme blanco, le dije que habíamos perdido el tren, así que nos acompañó al mostrador, le di el nombre de Óscar y vieron que estábamos apuntadas dos personas. Así que nos dieron una tarjeta de visita para llevar colgada. Y por supuesto, la entrada era gratis.

Por suerte, aunque no habíamos llegado a tiempo, aún estaban allí, ya que no había salido ni el autobús japonés que iba delante nuestro.

Después de que se fuera el autobús con los japoneses, llego el nuestro, el autocar de los “gaijin“. La guía (una chica muy simpática), al ver que yo llevaba cámara de video y foto, me dijo que no hiciese fotos a las instalaciones exteriores, solo se podía hacer fotos dentro de lo que era el Museo Mazda.

Y es que para llegar al Museo había que hacer un viaje en autobús de unos 10 minutos e íbamos pasando por diferentes sitios. Realmente las instalaciones de Mazda eran inmensas. Los que vimos desde el autobús y nos iba contando la guía eran: un río con dos puentes (pasamos por encima de uno de ellos), un grandioso parking para los empleados (donde según la guía todos los empleados tenían y aparcaban un Mazda), otros con varias plantas para guardar los coches que salen de producción, un grandioso puerto y el citado museo.

Ya en el museo, empezamos la visita guiada en la planta baja donde estaba recepción y vendían merchandising. En esa misma sala podíamos ver, tocar y subir a tres vehículos de esta marca. Un Mazda Axela Mazdaspeed (Mazda 3 MPS) color rojo, un Mazda Demio (Mazda 2) verde y el que más me gustó, un Mazda Roadster (Mazda MX-5 o Miata) en el que por supuesto me monté para que Óscar me hiciese una foto.

Lo siguiente fue subir al piso de arriba, donde tras pasar un largo pasillo que pasaba por encima de la carretera, llegamos a la zona de los clásicos.

La guía se puso a hablar con Óscar y le preguntó que de donde era. Él le dijo que de España y ella le dijo que sabía contar hasta tres en español: “Uno“, “dos“, “tres“. Y Óscar le dijo que el sabía contar en japonés, pero que solo se sabía el: “ni” y el “san” (dos y tres).

Ya en la zona de los clásicos lo primero que encontramos era un panel de información con la historia de la marca. La guía nos iba explicando (en inglés) todo lo que ponía en el panel.

De ahí ya pasamos al primer clásico de Mazda, empezando por el “camión de tres ruedas” (moto, más bien) Mazda TCS (Mazda Go) que hizo en colaboración con Mitsubishi. Hay diferentes clásicos, aunque no todos.

Mazda TCS

Durante la visita a esta sala podemos ver los siguientes vehículos: Mazda TCS, Mazda GB, Mazda T2000, Mazda R360 Coupé, Mazda Carol, Mazda Familia, Mazda B360, Mazda Familia Presto Rotary Coupé, Mazda Luce Rotary Coupé, Mazda Bongo 1000 Van, Mazda Savanna (RX3), Eunos Roadster, Mazda Cosmo Sport, Mazda Savanna RX-7, Mazda Familia 1500XG, Mazda Capella 1800 Sedan, Eunos Cosmo Type S, êfini RX-7 y Autozam Az-1.

Mazda GB
Mazda T2000
Mazda R360
Mazda Carol
Mazda Familia
Mazda B360
Mazda Familia Presto Rotary Coupé
Mazda Luce Rotary Coupé
Mazda Bongo 1000 Van
Mazda Savanna (RX-3)
Eunos Roadster
Mazda Cosmo Sport
Mazda Savanna RX-7
Mazda Familia 1500XG
Mazda Capella 1800 Sedan
Eunos Cosmo Type S
Êfini RX-7
Autozam AZ-1

La siguiente sala que visitamos era la zona del motor rotativo, donde podiamos ver un coche legendario de Mazda ya que había ganado las 24 horas de Lemans, el Mazda 787B. Además de distintos motores rotativos y el funcionamiento de uno de ellos.

A continuación teniamos la sala de tecnología, donde podiamos ver todas y cada una de las piezas de un fabuloso RX-8. Desde la prueba de diseño exterior en arcilla, como el interior, el motor, el proceso de pintado, de fabricación de piezas, de cableado… como he dicho, todas las piezas e incluso un RX-8 de prueba con choque frontal, con “Crash Test Dummie” incluido.

Y llegamos a una zona donde no se podía hacer fotos. Era una cadena de montaje de la fábrica de Mazda, en este caso era la cadena del Mazda 2 (Demio) y Mazda Roadster (MX-5). Allí se podía ver a los trabajadores montando todo en estos dos coches, así como algunas máquinas del montaje.

Al final de la sala de montaje había una pequeña habitación con maquetas de barcos y un mirador al puerto. Las maquetas eran de los barcos utilizados para el transporte de los coches hacia su destino, el muelle que veiamos, en concreto era el que llevaba los barcos a puertos japoneses.

Lo último ya fue la sala del Futuro. Una sala donde pudimos ver varios coches de Mazda que funcionan con hidrógeno: Mazda HR-X, Mazda HR-X2, Mazda RX-8 Hydrogen RE, Mazda MPV, motores de hidrógeno rotativos y lo que a mi me dejo fascinado, un diseño futurista, el Mazda Ryuga.

Me supo mal por la guía que a veces la perdía de vista y no escuchaba lo que explicaba, pero es que entre hacer fotos y vídeo me quedaba atrás. De todas formas, el inglés lo hablo bien, pero cuando me hablan a veces no lo entiendo, y no es que la chica lo hablase mal, aunque si que llevaba una pequeña chuleta con algunas palabras que a veces no le salía.

Desde allí bajamos a recepción y nos sentamos delante de una pantalla donde nos pusieron el video del Zoom-Zoom.

Al acabar el video, Óscar y yo fuimos a buscar las mochilas que habíamos dejado en recepción. Allí vi el merchandising y vi que la gorra valía 200Y, así que la compré. Pero la chica no entendía porque le daba dos monedas de 100Y, así que tuvo que venir la guía. Parece ser que ponía 2千00 (creo que era así, ese kanji es sen o zen, utilizado para la unidad de millar), lo cual significaba que eran 2000Y.

Otra vez al autobús. Esta vez me fijé mejor en el parking de empleados donde la guía había dicho que todo eran mazda, ¡y vi un volvo!. Pero bueno, habrian unos 400 o más coches y solo vi uno que no lo era. Cuando pasamos por el puente sobre el río, un chico indio que habían metido en el grupo casi al final de la sala de clásicos, se puso a grabar.

Finalmente nos dejaron otra vez delante de recepción y la guía fue recogiendo las tarjetas de visita.

Volvimos a la parada Mukainada y cogimos un tren de la línea San-Yo hasta la estación de Hiroshima, allí volvimos a coger el tranvía hasta el Genbaku Dome.

Parque Memorial de la Paz

Ya eran pasadas las 3 de la tarde y la verdad es que teníamos hambre. Así que antes de ir al Museo de la Paz (este fue el día de los museos…) buscamos un konbini. Pero no veas lo complicado que fue. Fuimos por unas calles del lateral del parque pero no encontramos nada, ni siquiera bares que pareciesen abiertos.

Por fin llegamos a una avenida en la cual al otro lado vimos un FamilyMart. Así que cruzamos por un semáforo y ya allí me compré un delicioso Onigiri.

Nos sentamos al lado del parque en unos bancos debajo de un cerezo a comer.

Lo siguiente después de comer fue visitar el Museo. Así que tras pagar un precio simbólico, 50Y, entramos.

En la planta baja podiamos ver diferentes maquetas de como habían quedado algunos edificios y lo que eran, así como algunos objetos personales de algunas víctimas. Sobretodo me fije en un reloj que marcaba la hora en la que hizo explosión la bomba atómica, a las 8:15.

Ya en la segunda planta, lo primero que se podía observar era una réplica de la cúpula en su estado actual, maquetas de como era Hiroshima antes y después del bombardeo, objetos donados por diferentes países para el museo y más objetos personales.

Siguiendo la ruta fuimos por la pasarela que pasaba por encima del parque y que llevaba hasta otra sala.

Nada más entrar a esa sala pasamos por un pasillo de muros de piedras y ventanas, desde las cuales pudimos ver fotografías de la devastación de la ciudad. En la siguiente sala, más objetos personales, reproducción de como quedaba la gente con la piel colgando por culpa de las altas temperaturas, una silueta de una persona que quedó carbonizada sentada en las escaleras de un banco, una réplica de la “Little Boy“, etc…

Volvimos a pasar por la última pasarela donde podía verse el Genbaku Dome y llegamos a otra sala con los efectos de la bomba atómica en diferentes objetos, así como la reproducción de la lengua de una persona con morados debido a la exposición a la bomba, un aparato de medida con algo radioactivo.

Acabamos de ver el museo sobre las 5 de la tarde, y aún nos quedaba visitar Miyajima. Y como vimos que el tranvía número 2 llevaba hasta Miyajima, pues lo cogimos.

Nuestro plan inicial era visitar primero todo el parque Memorial de la Paz y no volver, después visitar el Museo Mazda, y desde allí hasta Miyajima. Como no dió tiempo a ver el museo del parque a primera hora, decidimos volver de ir al de Mazda.

Ese tranvía tardó prácticamente 1 hora en llegar a su destino, iba por una interminable vía en línea recta entre casas, parando por muchísimas paradas, dos de ellas de colegios y encima ibamos de pie, sin poder sentarnos. Por fin llegamos a Miyajima, el tranvía nos dejó justo al lado de la estación de ferry.

Miyajima

Por suerte había un ferry de la JR que acababa de llegar. Así que cuando bajaron todas las personas y vehículos y empezó a entrar gente, nosotros fuimos detrás, y cuando intentamos enseñar el JR Pass para pasar, el de la JR pasó de nosotros y se fue hacía fuera, así que subimos sin enseñarlo.

En el Ferry no eramos mucha gente, como mucho unas 10 personas. Así que esta vez, al contrario del otro año, nos sentamos en el interior del ferry ya que empezaba a hacer fresquito.

Cuando llegamos ya estaba anocheciendo, así que fuimos directamente a lo que yo queria, grabar el anochecer con el torii en medio del mar. Aunque por desgracia la marea estaba tan baja, que incluso la gente iba caminando hasta él. Al final del vídeo se ve esa hora de grabación pasada a cámara rápida, y la verdad es que quedo muy bien.

A las 7 y media recogí la cámara de vídeo y el trípode y sobre las 8 nos fuímos a dar una vuelta por la calle comercial para comprar unas deliciosas barritas rebozadas de pulpo que habiamos probado hacía dos años. Pero por desgracia estaba todo cerrado y no se veía ni un alma por la calle, estaba todo muy solitario, y solo eran las 8 de la tarde…

Así que volvimos a la estación de ferry. El ferry aún tardaría un rato en volver, así que nos sentamos en unas sillas en la estación. En esa sala había un ordenador con internet, pero no pude enviar ningún email ya que había un japonés sentado y no se levantó hasta que no llegó el ferry de la JR.

Mientras estabamos allí sentados, entró un tanuki en busca de comida. Por supuesto todos los japoneses se pusieron como locos y sacaron su móvil para hacerle fotos. Y bueno, yo también le hice fotos.

Cuando el ferry atracó en el puerto, nos fuimos hacia la estación de la JR pasando por un túnel subterráneo y allí cogimos un tren de la línea San-Yo hasta Hiroshima, desde allí un Shinkansen Hikari hasta Shin-Osaka y finalmente un JR Special Rapid Service hasta Kyoto. En la estación del Shinkansen me compré otro Onigiri.

En Kyoto, como siempre, fuimos caminando dirección al hotel. Y al pasar por delante de un Konbini 7Eleven, decidimos comprar allí la cena en vez de hacerlo en el Lawson de al lado del hotel que casi que no tenían nada.

Este día fue muy ajetrado, llegamos al hotel sobre las 12 de la noche, así que después de una ducha nos fuimos a dormir.

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