18 Agosto 2007

Otro día más que madrugábamos para coger el shinkansen. Esta vez ibamos a Hiroshima, y aunque nuestro plan era visitar Hiroshima y después la Isla Miyajima, al final solo vimos Hiroshima ese día.

Al llegar a la estación y bajar por las escaleras que nos llevaban al exterior habían unos aspersores al final por donde salía agua pulverizada para refrescarnos un poco.

Fuera de la estación cogimos el tranvía que nos llevaba hasta el Parque Memorial de la Paz donde estaba situado el Genbaku Dome, el museo y otros monumentos dedicados a las víctimas de la bomba atómica.Estar allí era impactante. Pensar en toda la gente que murió allí te dejaba sin habla.

El Genbaku Dome se alzaba ante nosotros, en su interior podía verse como lo habían apuntalado para que no se cayese con el tiempo.

Nos dejamos el museo por visitar. 

Después de dar una vuelta por el parque memorial de la paz, nos dirigimos al castillo de Hiroshima. Hacía un calor infernal en la ciudad, y para llegar hasta él preferimos ir por un subterráneo que nos llevó justo hasta su entrada.

Este castillo fue destruido por la bomba atómica, por lo que estaba muy nuevo e incluso olía a barniz. Era una lástima ya que quizás por eso no me gustó tanto, al ser una construcción que data de finales de los 50. Aún así se puede ir a ver ya que tiene algunos objetos originales del castillo y podías visitar todas sus estancias.

Después de visitarlo y por las horas que eran nos fuimos al barrio comercial de Hiroshima, donde Óscar se compró el Xenosaga Edición Coleccionista que venía en caja grande y contenía una figurita, que no era muy buena, la verdad. Yo en el mismo sitio le compré a mi hermano la Nintendo DS Lite de color negro, que me pareció que estaba muy bien de precio.

Y en una tienda cercana me compré mi cámara de fotos. Que la verdad estaba barata, cosa que comprobé en Akihabara, donde la vi incluso más cara.

También pasamos por una sala de máquinas arcade y comimos en una hamburguesería estilo McDonalds donde yo me compré una hamburguesa picante.

Como curiosidad cuando pasamos por delante de un local escuchamos flamenco. Nos quedamos mirando los unos a los otros sorprendidos y vimos que se trataba de un Bar de comida española llamado “cafe de tres

Por las horas que eran decidimos dejar Miyajima para el día siguiente y volvimos a Kyoto a pasar el resto del día.

Por la noche en el hotel, Óscar comprobó que no tenía que hacer mucho sitio para el Xenosaga, ya que le cabía justo en la maleta.