29 Marzo 2009

Por fin el avión aterrizaba en el Aeropuerto de Narita. Y después de coger el tranvía, entregamos en inmigración las tarjetas que nos hicieron rellenar en el avión. Me tomaron las huellas dactilares y me hicieron mirar una cámara para hacerme una foto (curioso, la foto alrededor adornando la pantalla era el torii de Miyajima). A Óscar le hicieron rellenar datos que se había dejado por apuntar.

Aeropuerto de Narita

Después de esperar un buen rato a Óscar bajamos unas escaleras y esperamos a que saliesen las maletas. Otro control de seguridad más donde nos preguntaron lo que llevábamos en las maletas y nos pusimos a buscar la oficina para validar el Japan Rail Pass.

Le comenté a la chica que íbamos a Kyoto y que queríamos reservar asientos en el Shinkansen de Kyoto a Tokyo. La chica mira el reloj y para que pudiesemos coger el tren bala nos validó los JRP a una velocidad increíble (muy amable). Teníamos que coger el Narita Express hasta una estación después de la de Tokyo, Shinagawa y desde allí, a las 13:10  un Hikari hasta Kyoto.

En el tren

Al subir al “Narita Express” empezamos a buscar los asientos que también nos los había reservado la chica. Cuando el tren arranca iba en dirección contraria a la que debería y paró en la primera estación, se esta unos 15 minutos parados y vuelve a arrancar en la dirección correcta. Después de un buen rato en el tren le comenté a Óscar: “El paisaje no esta tan verde como la otra vez” y además de eso, el tren iba parando cada 5 minutos en muchas estaciones. Por lo que llegamos a a la conclusión de que ese no era el Narita Express… Habiamos cogido un tren diferente que había llegado 3 minutos antes de lo que ponía en el billete.

Pero por lo menos tuvimos nuestra recompensa. El cartel de Malie Clairl.

Como ya habían pasado 20 minutos de la hora en que teniamos que coger el Hikari decidimos que lo mejor era parar en la estación de Tokyo y ya desde allí buscar cualquier Shinkansen hasta Kyoto. Seguimos las indicaciones de Shinkansen que había por la estación (una vez te lo aprendes es facilísimo guiarse) y vimos en el panel informativo que el siguiente tren bala hasta Kyoto era un Kodama a las 13:56 en la línea 15 (el Kodama es el Shinkansen más lento que hay y más si pensamos que normalmente la ruta es: Tokyo – Osaka – Kyoto, y este hacía Tokyo – Kyoto – Osaka dando la vuelta por la costa)

Kyoto

A las 17:40 por fin llegamos a Kyoto y desde allí caminamos unos 20 minutos pasando por delante del templo Higashi Honganji hasta llegar a Gojo-dori, donde se supone que está nuestro hotel.

Cuando por fin llegamos al hotel entregamos los papeles de la reserva e intentamos aclararnos lo mejor posible con las recepcionistas que sabían poco inglés y lo poco que sabían lo pronunciaban mal. Nos querían hacer pagar para estar 3 días y 2 noches y yo diciendoles que teníamos reserva. Cuando vino una que sabía algo más de inglés  y vio la reserva de los 10 días, por fin nos dió la llave de la habitación, la 1028.

La habitación era una auténtica pasada, mejor que las de los dos hoteles del 2007, con una mesa al lado de la ventana y un cuarto de baño más grande. Ya era demasiado tarde como para hacer lo que teniamos planeado ese día, así que mientras Óscar se ducha yo practico haciendo fotos nocturnas desde la ventana del hotel, desde la cual tenemos unas excelentes vistas de la ciudad donde incluso podemos ver la Pagoda Toji.

A las 8, después de ducharnos y arreglar la cadena del “Toto” (el Roca japonés) que estaba rota, decidimos salir a la calle a dar una vuelta. El hotel estaba muy bien situado, teníamos muchos restaurantes típicos en los alrededores, e incluso un CoCo Ichiban que no se salvaría de nuestras visitas.

A lo lejos vimos un haz de luz azulada y supusimos que era alguno de los templos con la iluminación especial para la época de los Sakura. Así que decidimos ir caminando hacia él siguiendo en línea recta por Gojo-dori hasta llegar al Mausoleo Nishi-Otani. Y desde ahí subiendo una cuesta hasta llegar a las 8:30 al templo Kiyomizu-dera.

De camino me compré una Fanta de uva, que a mi me encanta.

Templo Kiyomizu-dera

La entrada de la noche costaba 400Y, a diferencia de la del día que costaba 200. No se veía mucha gente y nosotros no sabíamos por donde ir, así que solo vimos unos cuantos cerezos iluminados junto a un estanque y una pagoda en lo alto. Cuando nos íbamos a ir, los del templo (supongo que contratados para la ocasión) nos hicieron subir unas escaleras.

Desde arriba las vistas de Kyoto eran preciosas, con la torre al fondo. El templo iluminado también era una verdadera pasada, construido en un acantilado sobre muchos pilares de madera. El único problema fue que me vinieron los del staff a decirme que no usase el trípode en el suelo de madera.

Al salir del templo ibamos un poco perdidos, así que decidimos seguir a unas chicas que estaban todo el rato de cachondeo entre ellas (cuando iba a empezar a grabarlas con la cámara se callaron y se pusieron a mirar el menú en la puerta de un restaurante). Cuando acabamos de caminar llegamos a una avenida y aunque no estaba muy situado, enseguida caí que esa calle era la que llevaba del mausoleo Nishi-Otani hasta el parque Maruyama. Por lo que lo siguiente que hicimos fue visitarlo y así ver también su iluminación.

Parque Maruyama

Cuando llegamos al parque, lo primero que me llamó la atención fue su fachada. Si bien ya habíamos estado en el 2007, estaba en obras. Al entrar estaba todo lleno de puestecitos de comida.

El parque era toda una fiesta, japoneses disfrutando del Hanami (aunque por lo que vimos era un botellón en toda regla) sentados en los famosos plásticos azules y con una juerga que no veas. Algunos ni se aguantaban en pie y por lo que vimos parecía que la policía tenía apuntados los sitios que tenía reservado cada grupo.

Yo tenía hambre, así que me compré takoyakis. 8 unidades a 500Y.

Salimos del parque y bajamos por Shijo-dori hasta llegar al río, ya era tarde y decidimos volver al hotel. Bajamos a la orilla para caminar por allí, pero decidimos volver al camino que iba por arriba para no molestar a las parejitas.

Ya al lado del hotel, entramos a un pequeño Lawson que había. Yo me compré una bebida energética que iba en un envase de aluminio y que era una especie de gelatina líquida y Óscar se compró una pasta para cenar y un tetrabrick de cacao (Van Houten, os lo recomiendo)

Llegamos al hotel a las 00.15 y tachamos en el planning lo que habíamos visto, que no todo era del primer día, así que tuvimos que cambiar un poco el orden de lo que no habíamos visto y quitar lo que si.