16 Agosto 2007

Esto va a ser un poco más largo de lo normal. Aunque solo visitamos dos sitios, se alargará mucho debido al Fushimi Inari. Sitio recomendado. Además de que fue la noche en que se celebró el Gozan no Okuribi.

Otro día más que madrugabamos. Esta vez nos dirigimos hasta la estación de tren de Tofukuji (la que nos dijo el Japonés y no le entendimos bien) desde la cual cogiendo otro tren llegariamos a la estación Fushimi, donde estaba el Fushimi Inari.

Fushimi Inari

Cuando ya estuvimos allí, caminamos un poco hasta encontrarnos con unos grandes Torii que nos llevarían a un templo, detrás del cual estaba el camino lleno de cientos de torii. En una placeta a la izquierda de los torii, unos niños (con sus padres) jugaban con su caza-mariposas.

A la entrada del templo, dos imponentes estatuas de Inugami nos daban la bienvenida.

La verdad que daba gusto madrugar tanto porque casi no encontrabas ningún turista y podías hacer todas las fotos que quisieras sin nadie enmedio, así que pudimos sacar unas cuantas fotos del templo sin apenas gente delante.

Un rato de cachondeo entre Óscar y yo, y después de eso, él se esperó abajo mientras los otros dos ibamos hacia las escaleras que llevaban a los Torii.

Después de caminar por algunos caminos, por fin llegamos a los Torii.

La verdad es que esa mañana apenas pasamos calor, ya que las hojas de los árboles y los torii practicamente no dejaban pasar la luz del sol.

El ascenso fue muy agotador, eran apróximadamente 4 kilómetros y medio por debajo de los Torii. Pero realmente mereció la pena subir hasta arriba. Los paisajes eran una maravilla, con un lago, bosques y puestos de comida, así como algunas tumbas y altares familiares. Cruzándonos con japoneses que amablemente nos decían “Ohayo Gozaimasu“. Otros no decían nada y cuando se lo decíamos nosotros se sorprendían y contestaban con una sonrisa. 

Además de eso, las vistas de Kyoto desde algunos puntos de la ruta eran fantásticas.

A medio recorrido del descenso nos encontramos con Óscar que había subido hasta arriba por otro camino y estaba bajando. Abajo pasamos por una calle donde habían algunas tiendas con artículos de toda clase.

Y finalmente nos dirigimos a la estación de Fushimi a coger el tren hacia la estación de Kyoto, donde cogeriamos un autobús para ir al Pabellón de Plata.

Lo curioso del tren era el gigantesco ventilador que había en el techo y que servía para repartir el aire que salía por el aire acondicionado por todo el vagón.

Ya en la plaza de la estación decidimos pasarnos por el Lawson a comprar algo para comer. Cuando nos dirigiamos hacía allá uno de los chicos que estaba promocionando el nuevo Bic Camera que iban a abrir sobre la oficina de correos, me dió un pai-pai. Y Óscar aprovechó para sacarme una foto cogiéndolo.

La razón era que desde el primer día ellos llevaban un pai-pai que les habían dado y yo decía que pasaba de coger ninguno. Pero debido al calor, decidí que lo mejor era hacerse con uno. Además de llevar el paraguas por si acaso.

Ginkakuji, Pabellón de Plata

Lo que más me sorprendío es la gran cantidad de gente que había en la calle que llevaba al Pabellón. Mucha gente con paraguas, otros con pañuelo limpiándose el sudor y otros con pai-pai. Y lo peor, debido al calor un hombre mayor en silla de ruedas y con óxigeno, se había caído al suelo.

Ya en el pabellón y después de haber pagado la entrada. La verdad es que nos decepcionó un poco. En comparación al Kinkakuji, el Ginkakuji era más pobre y menos vistoso, así como el estanque en el que se encontraba que era más pequeño. Pero aún así tampoco estaba tan mal.

Ya fuera del Pabellón nos olvidamos por completo de ir a ver el camino de la filosofía, por lo que nos dirigimos al hotel a comer. Aunque a mi me dió por probar uno de los típicos helados japoneses. Era un tazón con hielo triturado al cual le echaban sirope de cualquier sabor por encima. El que compré yo era de Ichigo, o fresa. La verdad que con el calor que hacía me sentó de maravilla.

Cuando ibamos en el autobús de vuelta al hotel, subió una mujer mayor, a la cual le dejé el asiento. Cuando ella llegó a su parada, como veía que estabamos sudando del calor que hacía, amablemente me ofreció el Pai-pai que llevaba. Por lo que le di les gracias pero le dije que no se preocupase, que ya llevaba uno. Decir que en Kyoto la gente fue muy amable con nosotros, y por lo que vimos después, mucho más que en Tokyo.

Después de ducharnos, comer y descansar un rato, volvimos a Shinkyogoku-dori, el barrio comercial que habiamos visto el día anterior. Estuvimos dando vueltas por el barrio hasta una hora antes del Gozan No Okuribi.

Gozan no Okuribi

Esa noche tocaba ir a ver el Gozan no Okuribi, un festival que se celebraba para finalizar el Bon. Intentamos coger un par de autobuses, pero estaban hasta los topes, por lo que decidimos ir en taxi.

El taxista fue muy amable y nos llevó a toda velocidad hacia el puente donde le dijimos que ibamos a verlo.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta de como funcionaba más o menos el tráfico en Kyoto. Los coches aparte de ir al contrario que en España, siempre van por el centro de la avenida, así para las incorporaciones o adelantamientos siempre usan el carril que está al lado de la acera. Además cuando el taxista señalaba que se iba a meter en el carril central, le dejaban pasar.

Cuando llegamos al principio del puente, el taxista se iba parando y nos iba explicando los sitios desde donde podía verse cada uno de los fuegos. Así que nos dejo en el punto exacto donde se veía el primero que encendían.

Una lástima que teniamos un semáforo delante que tapaba parte de lo que veíamos. Cuando ya estaba a punto de apagarse, seguiamos esperando en el mismo sitio para ver el siguiente fuego. Pero no se veia nada. Fue entonces cuando vino una mujer mayor corriendo, diciendo a todos los que estábamos allí que la siguieramos si queríamos ver el otro fuego, que desde donde estabamos no se veía. Pero lo que suele pasar en Japón, a la gente mayor no les hacen ni caso, así que, los únicos que fuimos con ella fuimos los tres “Gaijin” que íbamos. Cuando llegamos al sitio desde donde se veían, también estaban sus amigas, a las que les dijo que eramos los únicos que la habiamos hecho caso. Sus amigas nos lo agradecieron, y nosotros a ellas, ya que pudimos ver el otro fuego.

Después de ver el fuego, nos acercamos a un Mc Donalds que había cerca y compramos la cena. Como estaba lleno decidimos comer fuera y esperar a que se fuese vaciando la calle de gente, ya que los autobuses iban hasta los topes.

Ya en el hotel nos fuimos a dormir.

Entrada Original: http://master-hunters.blogia.com/2009/012201-cronicas-de-un-viaje-a-japon-dia-5-kyoto-.php