6 Abril 2009Quizás la excursión más complicada de este viaje fuese la de este día. En principio teniamos planeado ir a visitar primero ese día Fushimi Inari, pero como ya lo habiamos hecho el segundo día y de noche, teniamos todo el día.En este caso el lugar a visitar era Koya-san.El problema es que era un trayecto de 2 horas y media de duración y había que cambiar de tren más de 3 veces.Desde Kyoto cogimos la línea Tokaido San-jo de la JR hasta Osaka y en la estación de esta ciudad nos subimos a la Osaka Loop Line hasta la estación de Shin-Imamiya donde debiamos coger un tren de la empresa Nankai.Pronto localizamos el tren que debiamos pillar, así que en cuanto llegó nos subimos a él. Pero durante el trayecto, las paradas no me cuadraban mucho con las de la foto que le había hecho al cartel en la estación, así que decidí que lo mejor era bajar en una parada y mirarlo mejor.

Cuando partió el tren que acababamos de dejar, me dí cuenta de que si ibamos bien… por suerte faltaba poco para que llegase otro tren que llevaba también a Koya-san.Ese tren era un poco más lujoso y por suerte no se paraba en tantas paradas, aunque llegó a una que se estuvo parado un buen rato esperando a que pasase un tren en dirección contraria a la que ibamos, y es que desde allí hasta Koya-san solo había una vía.En una de las estaciones vimos este tren al que había mucha gente haciéndole fotos, en su lateral tenía dibujados unos petalos de cerezo y ponia Tenku (天空), que quiere decir Cielo.Supongo que sería un tren turístico que iba por algunos lugares entre cerezos y estaban a punto de inaugurarlo.

Antes de llegar a final de trayecto nos vino una revisora (sí, sí, como en Renfe) y nos pidió el billete… Se ve que lo habiamos comprado para el primer tren que ibamos, por lo que nos hizo pagar la diferencia.Este tren nos dejó justo al lado del tren cremallera que llevaba a Koya-san.En el cremallera habían dos niñas gemelas que siempre estaban mirando hacia atrás y sonriendo, no se si lo hacían porque estaba grabando la subida de la montaña con la cámara o que. Para subir ibamos por una única vía colgados de un cable que iba estirándonos hacia arriba y a mitad de recorrido se bifurcaba para dejar pasar al tren que bajaba, así cada uno pasaba por un lado hasta que la vía se juntaba un poco más arriba.

KoyasanYa en la parada de arriba me sentía muy perdido, por lo que cogí un plano. Aquello no era ni mucho menos lo que me había imaginado… Carreteras, un pueblo, de todo. Aunque no había mucho tráfico. Yo m>e esperaba algo más como el Monte Shosha que vimos el día anterior en Himeji.No sabía muy bien lo que hacer, pero no podiamos estarnos ahí todo el día, por lo que salimos fuera y vimos que había una parada de autobús. Nos dirigimos allí y vimos que en una taquilla que había al lado vendían un pase para el autobús para todo el día, así que compramos uno cada uno.El autobús estaba hasta los topes y no era de los típicos urbanos, sino interurbanos, con filas de 2 asientos, así que imaginaros que incómodo era pasar con una pareja que tenían el carrito del niño en medio del pasillo. Un par de asientos más alante se sentaba un hombre que tenía cierto parecido con Woody Allen, hasta en lo patoso… casi se cae con el carrito y después al salir del autobús.Los turistas iban bajándose, pero tenían pinta de que iban a algún hotel o templo a dejar las mochilas. Como nosotros ibamos de excursión de un día lo primero que hicimos fue ir a Okunoin, el famoso cementerio de Koyasan.Cementerio Okunoin (Koyasan)Entramos al cementerio por una calle ancha donde apenas habían arboles aunque si bastantes tumbas.

Poco después y sin apenas darnos cuenta nos fuimos adentrando entre árboles altísimos y tumbas muy antiguas las cuales estaban llenas de musgo.

Habían algunas tumbas que deberían ser de personajes conocidos en los que ponía un número indicando que podías escuchar lo que era en una audio-guía que te alquilaban, incluso había una tumba de un trabajador de la Nissan por lo que ponía.Fuimos caminando en la tranquilidad que ofrecían aquellos gigantéscos árboles y aquellas tumbas encontrándonos con muy poca gente.

Cuando ya nos cansamos, ya que era la hora de comer, buscamos la salida del cementerio. Cuando estabamos buscando la salida, vimos que venía un pequeño camioncillo a toda ostia por el camino de piedras del cementerio…Antes de salir vimos una enorme piedra conmemorativa a un japonés que se llamaba Isaburo Azumi y que según pone la placa nacio en Tottori y se fue a los 13 años a estudiar con el maestro Shozan Shin, más tarde fundó la Azumi & Co.ltd en Osaka y la Azumi Chemical Factory en Shangai, empresas dedicadas a fabricar medicamentos. Siendo uno de los que empezaron a comerciar con el exterior. Incluso el Emperador le invitaba a fiestas. Es un monumento erigido el 10 de abril de 1933.

Ya fuera buscamos un sitio para comer, pero no encontrabamos nada, solo un pequeño restaurante de ramen del que salía una ancianita diciendo «Gochirosama deshita» justo antes de cerrar la puerta corredera.No nos atrevimos a entrar, por lo que sacamos una coca cola de una máquina que había allí cerca y nos sentamos en una barana de piedra que daba al interior del cementerio.La verdad es que no me acuerdo que cominos, pero creo que fue algo que compramos en la Boulangerie de la estación de Kyoto, lo que si me acuerdo es que nos acabamos unas deliciosas pastas que Óscar se había comprado y que habiamos empezado a comer en el tren de Nankai.Después de comer nos dirigimos bordeando el cementerio en busca de una parada de autobús, a la cual tardamos 15 minutos en llegar.Después de subir al bus, nos dirigimos a la puerta Daimon, que es la entrada principal de Koyasan.Puerta Daimon (Koyasan)

Allí solo había una pareja japonesa de unos 70 años, además de uno de esos «Art-truck» o Dekotora (aunque ese que vi era de los sencillos).

Mientras Óscar y yo haciamos fotos, los dos japoneses se quedaron con unas caras muy raras cuando nos hicimos una foto «posando» delante de la puerta Daimon.Aparte de esa pareja de japoneses de vez en cuando pasaba algún chico corriendo vestido con ropa de un equipo de baseball. No se si serían de la zona o si los habían llevado allí exclusivamente para entrenar.Fuimos caminando en la misma dirección en la que corrían los chicos y nos encontramos  con la pagoda Konpon-daito.

Dai Garan, Pagoda Konpon-daito (Koyasan)

Allí habían varios templos, entre ellos esta pagoda a la que a mi me dio por llamar la Cebolla Roja, no se porqué. Además de que algunos monjes estaban limpiando las escaleras del templo y otros estaban clavando unos postes de unos 4 metros en el suelo.

Estabamos bastante cansados, así que salimos del recinto Dai Garan y nos fuimos a la estación de autobús más cercana para coger un autobús que fuese hasta el tren cremallera.Según el horario faltaba casi 1 hora para el siguiente bús y no teniamos muchas ganas de seguir caminando, así que decidimos sentarnos en un banco a ver pasar a la gente y a algún monje.

Lo divertido fue ver como aparcaban los autobuses y como se ayudaban entre ellos. Si en España para darle señales al que aparca decimos. «Mas, mas, mas…. ¡Vale», allí en Japón dicen algo así como: «Bai, bai, bai…. ¡BAI!»

Y como la espera era un tanto aburrida, aproveché para ir al lavabo, que curiosamente tenían uno con asiento calefactado y todo. También estuve practicando a hacer fotos de vehículos en movimiento.Después de esperar ese tiempo, por fin llegó el autobús que nos llevó hasta el tren cremallera.La verdad es que poco había cambiado la situación. Las niñas gemelas volvían a estar de pie delante, solo que esta vez mirando como bajábamos. Y por fin me di cuenta de porque se giraban y sonreían. Su padre estaba sentado un poco más atrás y las reñía si armaban un poco de escándalo y no me extraña que le hiciesen caso, se parecía a Samo Hung.Cuando llegamos abajo había más control… y a los otros japoneses los subieron en el tren rápido y a nosotros nos obligaron a subir al lento.Igual que cuando subiamos, los paisajes eran una auténtica maravilla y veías los cerezos justo al lado de las vias o de las estaciones.Después de unas paradas nos fijamos en una pareja de occidentales que estaban en el mismo vagón. No sabiamos en que idioma era por el jaleo que armaban unos yankis que se habían subido en una parada, pero parecían españoles, además de que iban en manga corta…

Cuando bajamos en Osaka nos acercamos a ellos y les pregunté si eran españoles. Era una pareja malagueña él se llamaba Dani y ella Mariví, habían llegado a Japón el día anterior y lo primero que habían hecho fue irse a Koyasan a pasar la noche y lo siguiente que querían hacer era ir a Kyoto, aunque iban sin tener ningún hotel concertado por lo que si no encontraban nada les dí el teléfono del nuestro, el Aranvert Hotel.KyotoYa en la estación de Kyoto nos despedimos de ellos y nos fuimos a cenar al Coco Ichiban.

Esa noche tocaba visitar Pontocho y Gion, por lo que después de cenar nos dirigimos hacia el Río Kamo en busca de este barrio, que por motivos que no vienen a cuento ahora, no vimos en el 2007.

Para llegar hasta allí, en vez de ir por la Avenida Shijo como siempre, le dije a Óscar de ir por la calle paralela más alejada, por lo que subimos por la Avenida Sanjo.

A pesar de estar cansados fuimos caminando, y es que un paseo así por Kyoto no nos lo perdiamos por nada del mundo. Paramos en el puente antes de cruzar el Río Kamo a mirar el plano y vimos que meternos por una calle que había por allí al lado para llegar a Pontocho. Así que allá que nos dirigimos.

De  esa noche no hay fotos, la verdad es que no tuve muchas ganas de sacar la cámara y preferí disfrutar del paseo. Bueno, la de vídeo la llevaba encendida durante todo nuestro paseo por Pontocho, una calle estrecha llena de restaurantes y farolillos con algunos carteles de Neon, muy chulo y recomendable. También nos cruzamos con una Geisha.

Cuando acabamos de pasear por Pontocho, cruzamos el Río y nos dirigimos a Gion. Se notaba que había empezado la Semana Santa en otros paises, ya que al contrario de otros días estaba todo lleno de extranjeros. Óscar incluso se reía de uno que llevaba los pantalones medio bajados y se le veían a los calzoncillos… pero nos reímos más cuando le escuchamos hablar, era español.

Ibamos paseando por Gion y ya estabamos hartos de pararnos cada dos por tres para no salir enmedio de las fotos que hacía la gente, así que la siguiente que vimos hacer una foto, una chica que se la hacía a otra, nosotros salimos a sendos lados saludando a la cámara, a lo que la chica le dijo a la otra en castellano «Sales acompañada, pero bueno.» (si leeis esto, quiero esa foto xD)… sí, eran españolas. Yo le dije que por lo menos eramos españoles.

Gion ya lo habiamos visitado la otra vez y no me gustaba. Sí, tenía muchos restaurantes y una decoración de época, pero tenías que estar apartándote a cada rato porque no paraban de pasar taxis. Así que llegamos hasta el final y preferimos volver por otras calles que no fuesen la principal para así ir caminando tranquilamente y no apartándonos para dejar pasar los taxis.

Al acabar el paseo volvimos dirección al hotel y nos fuimos a dormir.