31 Marzo 2009Tras levantarnos a las 7:30 nos dirigimos a la estación a coger el tren que cogimos para ir a Arashiyama que también pasaba por Uzumasa.Pero antes de eso pasamos por la “Boulangerie” de delante de la estación. Ese día no tenían la bebida Match que tanto me gustaba por lo que aparte de una pasta de frankfurt me compré un cacao Van Houven.Ya en el tren fuimos hacia Uzumasa y desde la ventanilla pudimos ver donde estaban situados los estudios. Al llegar a la estación, salimos a la calle y cruzamos las vías dirección a los estudios.Parecía que ibamos bien ya que una señora con su nieto iban en la misma dirección. Después de un rato caminando y ver pasar un tranvía, llegamos a una garita que parecía que era de la Toei, pero parecían unas salas de Cine. La mujer le pregunto al segurata de la garita y este le dió unas indicaciones hacia una calle. Cuando nos acercamos a preguntarle al segurata, él amablemente nos señaló a la mujer como diciéndonos que la siguieramos que iban al mismo sitio.Después de caminar por varias calles detrás de la mujer y su nieto y de ver como caían las flores de un cerezo, por fin llegamos al Toei Eigamura.

Panfleto APanfleto B

La verdad es que mereció pagar los 2200Y de la entrada y ya habiamos aprendido a pedir cosas para dos personas, diciendo: “Futari Desu”.

Lo primero que vimos al entrar fueron unas casas decoradas estilo japonés de los años 60 y después los trajes, enemigos y armas de una película llamada “Time Teleport – Love in 1721″

Además de eso también podiamos encontrar los kimonos que se usaron en algunas películas de samurais de la Toei.

Al salir afuera vimos un viejo tranvía donde había unos japoneses haciéndose fotos. A la izquierda empezaba la aldea de la Era Edo, que es adonde nos dirigimos.

Las calles eran muy típicas de esa época y recordaban mucho a los escenarios de las películas de chanbara y jidaigeki (de samurais). Mientras caminabamos por aquellas calles por los altavoces sonaba música típica (aunque también escuchamos música en castellano… y es que a Óscar se le puso en marcha la música que llevaba en el móvil). En una de las casas podiamos encontrar una figura de una Geisha que podía verse a través d unos barrotes de madera. Otra de las atracciones del parque era que alguna de las calles tenían cerezos.

Cuando íbamos a pasar por el puente de estilo japonés me paré para echarle una foto, cuando de repente apareció un samurai en lo alto. Antes de hacer la foto le pregunté si podía hacerla con él señalándole la cámara, y el asintió posando para mí.

Además del samurai, por el parque también había un shinsengumi y una chica vestida de geisha.

Cuando ya habiamos recorrido parte de la aldea el shinsengumi empezó a decir algo y a señalar un edicifio. No entendiamos nada de lo que decía, pero la gente parecía que se dirigía hacia allí, por lo que nosotros decidimos entrar también.

Dentro vimos que aquello era un teatro y lo que vimos después no puede describirse con palabras. Pero si os veis el vídeo de abajo vereis la obra que vimos entera. No me dijeron nada por grabar (o no se dieron cuenta)

Al salir de la obra de teatro había empezado a llover, nos fuimos a acabar de ver lo que nos faltaba de la aldea y llegamos a una fuente con unos angeles. Allí como tenía sed nos compramos un zumo de manzana.

Vamos viendo algunas salas dedicadas a algunas películas de la Toei, como una del himalaya y otra de una especie de detective con pinta de Harry Potter… En una de las salas nos encontramos con las armaduras de famosos guerreros: Date Masamune, Naoe Kanetsugu, Sanada Yukimura, Uesugi Kenshin, Takeda Shingen, Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu.

Nos fuimos cobijando como pudimos de la lluvia y llegamos a una exposición de Yamato, el famoso acorazado japonés. Del cual la Toei hizo una película.

Como empezaba a llover más fuerte nos fuimos a ver la zona del Super Hero Land, donde están todos (porque anda que no habían…) heroes sentai de la Toei, incluido un Kamen Raider de unos 7 o 8 metros de altura.

En esa misma sala había una sala con diferentes atracciones para los niños. Desde una sala con espejos que te deforman, hasta un ascensor del cual salían los japoneses con las manos en los oidos, por lo que decidimos probarlo. Eso también sale en el video, aunque sin sonido, sale con música.

Cuando acabamos de ver esa sección volvimos a salir a la aldea a acabar de ver lo que nos faltaba, por culpa de la lluvía habían cancelado una obra del exterior y el monstruo que hay en un lago no sale.

Intentamos pasar a otro sitio, pero uno de seguridad nos dijo que por allí no podiamos ir. Era una calle que atravesaba los estudios. Así que nos fuímos hacia abajo hasta que vimos al shinsengumi en otro sitio anunciando otra cosa, así que decidimos seguir a la gente y entrar. Era un pequeño estudio donde un director con dos actores vestidos de shinsengumi y ninja nos explicaron los efectos especiales utilizados en películas de samurais. Después el director nos enseña como dirigir a los actores y les hace hacer una escena, aunque cuando la llevan a cabo no les sale como todos esperabamos… Para verlo entero, sale todo en el vídeo de abajo (aunque está en japonés)

Cuando salimos de la demostración nos fuimos a la derecha y vimos que había una casa del terror, pero como estaba tan llena de gente no entramos y subimos a ver los estudios A y B a través de una cristalera. Parece ser que si tienes suerte pueden estar grabando escenas de alguna película o dorama.

Habiendo acabado de ver todo salimos del parque decididos a buscar una estación de metro para ir hacia Kyoto. Pero antes de llegar nos paramos en una parada de autobús y empezamos a mirar los horarios. Todo estaba en japonés, por lo que un hombre que había en la parada al ver que no nos aclarabamos mucho muy amablemente nos dijo que el autobús iba a la estación de Kyoto, justo donde queriamos ir.

Cuando nos subimos al autobús se nos acerca un hombre mayor y nos pregunta: “Where are you from?” a lo que Óscar le contesta: “Spain”.

Y de repente nos dijo en un perfecto castellano: “Aaaaah, España! Yo he ido a España 4 veces, pero me falta por visitar el norte.”Teniamos que prestar mucha atención a lo que nos decía, pero no porque hablase mal castellano, no, por que por lo mayor que era casi no se le oía nada. Pero su castellano era perfecto.Estuvimos hasta que el se bajo del autobús hablando… Hablamos de lo que mas nos gustaba de Japón, de sus viajes a España, de que no tenía trabajo (nosotros le dijimos que nosotros tampoco, maldita crisis). Nos dio hasta pena que se fuese…Me quedó marcada una frase que nos dijo este amable anciano: “Antes que tenía dinero, no tenía tiempo. Ahora que tengo tiempo, no tengo dinero.”Se bajó en una parada y se despidió de nosotros en castellano. Nosotros nos despedimos en japonés y le dimos las gracias por la conversación.Cuando llegamos a la estación cogimos otro autobús y nos bajamos en el río kamo. Como el otro año la foto a la mujer samurai no me habia salido muy bien, decidí hacerle una en condiciones.

Y desde allí subimos caminando hasta el parque Maruyama con intención de visitarlo de día ya que el primer día lo vimos de noche y queriamos ver el ambiente que había. Cuando pasabamos por al lado de los puestos de comida todos nos saludaban con la intención de que les comprasemos algo para comer. Estaba lleno de gente y había más gente haciendo hanami que la vez anterior. Incluso había un américano cantando y tocando con su guitarra mientras dos chicas miraban atentamente, curioso que el árbol de detrás de él estaba lleno de palomas. Dimos una vuelta por el parque y fuimos a ver el cerezo llorón.

Como ya era hora de comer decidimos volver a los puestos de comida de la entrada donde habiamos visto que vendían yakisoba y compramos uno cada uno. Aunque esta vez fue más complicado comerlos ya que tenían un huevo frito encima.En una de las tiendas que había por el parque Óscar demostró lo poco que sabía de japonés. Cuando entró a comprar una lata de cerveza y le preguntaron por el tamaño, el dijo que la quería “chibi”, y cree que los del bar entendieron que le estaba llamando enana a la chica que le atendía. Al final consiguió su cerveza.

Después de comer nos fuimos dirección al templo Heian. Pero esta vez, y no como en el 2007, decidimos pasar por unas calles paralelas y seguir un canal hasta el gran torii del templo (que la otra vez ni lo vimos). Gracias a eso pudimos ver una calle que parecía el mercado nishiki de Kyoto que pensamos en dejar para más tarde (aunque al final no lo vimos ese día).

Cuando ya habiamos visto el templo decidimos irnos. Pero entonces me acordé de una cosa, que fue él motivo por el que había apuntado aquel templo para ver, y es que tenía unos jardines que según había visto estaban muy bien, así que se lo comenté a Óscar y buscamos la entrada.La verdad es que el jardín mereció la pena. Tanto por su lago con los cerezos reflejándose en él, como el gran puente de madera. Todo era precioso.

Al acabar de ver el jardín, por fin pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, el Kyoto Keage Incline. Como no sabiamos bien donde estaba, decidimos seguir el canal que había, pero para variar nos equivocamos y acabamos dando la vuelta a un zoológico que había por allí.

Cuando por fin llegamos al Kyoto Keage Incline nos gustó bastante. Eran dos vías que servían para llevar pasajeros y comida desde el lago Biwa hasta otro lago que había más arriba con la ayuda de unas vagonetas en las que subían las barcas. Además de eso habían cerezos por lo que caminar hasta arriba por las vías era una auténtica pasada.

Llegamos al final de las vías, pero aún habían unas escaleras que seguían el canal y no sabemos hasta donde llegaban. La verdad es que estabamos cansados y decidimos volver al hotel. Así que cruzamos la calle y nos metimos en el metro. Para llegar fue bastante fácil, cogimos la línea Tozai desde Keage hasta Karasumaoike y desde allí la línea Karasuma hasta Gojo, donde estaba nuestro hotel.

Después de descansar 2 horas pensamos en ir a cenar a Teramachi. Como no salía muy a cuenta coger el metro desde Gojo hasta Shijo, decidimos ir caminando. Y la verdad es que fue bastante rato.

Estuvimos dando una vuelta por Teramachi cuando de repente me pareció cruzarme con el dueño de una tienda de cómics de Tarragona. Le grite un “¡Hey!” pero con las prisas que llevaba no me escuchó. De todas formas pensé que encontrarse a alguien que conoces a tantos kilómetros era imposible y que lo más seguro es que sería otra persona.

En Shinkyogoku nos fuimos a cenar en nuestro puesto favorito de takoyaki.

Por ese día ya habiamos hecho bastante, así que volvimos caminando hasta el hotel a descansar.

La semana siguiente después de volver a España me eché unas monedas de Yen en el bolsillo y me fuí a la tienda de cómics. Y entonces le dije al dueño:

Yo: “Te ví a fínales de Marzo.”

Él: “Imposible, no sería yo.”

Yo: “Estoy seguro de que eras tú.”

Y el convencido de que no. Cuando su hermano empezó a reirse sabiendo lo que estaba pasando, yo le enseñé las monedas de Yen por lo que se quedó parado.

Yo: “Te ví el día 31 en Shinkyogoku, llevabas una mochila negra e ibas con mucha prisa.”

No le quedó más remedio que creerme, hasta le dije la hora exacta que lo ví. Fue una lástima no haber estado allí charlando.